Debo reconocer que las aplicaciones como Tinder me parecen un entretenimiento de lo más inspirador, también son un gran riesgo. Son la ruleta rusa de las citas. Nunca sabes qué te vas a encontrar. Personalmente y tras meses de uso e investigación he descubierto que hay tres perfiles: Por un lado, tenemos a ese hombre que no busca nada en concreto, simplemente conocer gente interesante, una buena conversación y si surge la chispa pues eso que te vayas. Por otro lado, tenemos al que única y exclusivamente busca sexo. En este caso aparecen dos figuras: el que expone sin tapujos sus intenciones y el que las esconde. Por último, y al que nunca entenderé, tenemos a los que ponen fotos de gatitos y paisajes. No entiendo estos perfiles.
Pues bien, mi amiga Julia se separó hace un año. Tras unos meses de ‘luto’ y reflexión ha vuelto al mercado. Y me van a perdonar, pero ¡cómo está el patio!
Como otras muchas, Julia optó por las redes para encontrar entretenimiento, en concreto en Tinder. Su patrón de los domingos siempre era el mismo: Me aburro, me abro Tinder. Me aburro, cierro Tinder. En medio de ese bucle de aburrimiento y afán por el deseo sin compromiso, conoció a Juan. Sin paños calientes quedaron para un ‘aquí te pillo, aquí te mato’. Antes de ir a su casa, y como es habitual en estos casos, Julia me envió la ubicación del susodicho -oye, nunca se sabe cuando tendrás que socorrer a una amiga-. A los 26 minutos de enviarme la ubicación, la protagonista de esta sórdida estampa me envía un whastssap diciendo «Nena, ya voy para casa». La explicación más lógica era que no se habían gustado, pero de todas formas pregunté. Nunca se sabe.
Su explicación fue clara: «Llego; me empotra; me besa -¡ostras pues besa bien!-; vamos a la habitación; se pone el preservativo; uno, dos, tres, ¡SPLASH! FIN». Mientras Rayo McQueen se refrescaba en el baño por el esfuerzo y bajo la atenta mirada de los antepasados de este, mi amiga Julia se maldecía a sí misma «No me tendría que haber puesto la colonia buena».
Vamos a ver, este contratiempo le puede pasar a cualquiera. Todos estamos de acuerdo. Ahora bien, el topicazo «Es la primera vez que me pasa. No entiendo qué ha pasado» se queda algo desfasado a partir de los treinta.
Por norma general, la respuesta femenina suele ser: «No te preocupes, no pasa nada». ¿Cómo qué no pasa nada? ¡Claro que pasa! Y más si aquí el correcaminos hace previa mención de sus artes amatorias y crea expectativas orgásmicas. «¿Es la primera vez que te pasa? ¿Y te tiene que pasar conmigo? Oye, chato pues arreglalo».
Vamos a ver, señoras ¡Reivindiquemos una solución para estos momentos! Creo firmemente que debería haber una norma sexual interiorizada por todos que dijera: «A grandes problemas, grandes soluciones» Y por lo menos una no se arrepiente de haberse puesto la colonia buena.